Unos dicen que en Dracano, otros que en la ventosa Icaro, o en Naxos, ¡oh retoño de Zeus!, o junto al río de profundas corrientes, el Alfeo, que la preñada Sémele te parió a Zeus que goza de los rayos; otros dicen que en Tebas, ¡oh señor!, pero todos mienten: el padre de los hombres y de los dioses te engendró muy lejos de los hombres, ocultándolo a la blanca Hera.
Hay una montaña muy florida llamada Nisa, lejos de Fenicia, próxima a las corrientes del Egipto...
En cuanto a ti, ¡ínclito Dioniso!, te saludan muchos cantos de hombres. A mí no me es posible cantarte todo desde el principio; pero recordaré los comienzos de tu nacimiento y los honores que tienes.
Salve, hijo de la hermosa Sémele. El que te olvida no podría tejer un dulce canto.