Ayunó por dos días para sacarse todas las posibles consecuencias del Negroni. Para sacarse del cuerpo el Gin, el Campari y el Vermú rojo, para eliminar ese trago de sangre licuada, amargo y dulce como la milonga y el tango. Y estudió con ahínco las obras para el concurso, sin probar ni una gota de ese alcohol de añoranza con rodaja de naranja que clama venganza, esperando el día de la verdad.