Se vistió con una blusa de broderie, la misma que había usado en su examen de graduación, la que su madre estrenó en el civil, la prenda de la suerte. En la transparencia apenas se notaba en su vientre la mancha carmín. Se sentía más femenina, se maquilló suavemente, aunque sabía que el concurso era detrás de un biombo y los jurados no la verían, aflojó el arco, y lo guardó junto al violín, metió las partituras en el bolsillo de la funda. Levantó la mirada, tela rasgada, cargó el instrumento, glorias pasadas, pena y tormento, a todo o nada, llegó el momento.
Salió a la calle y se dirigió al teatro donde era la prueba, estaba segura, el concierto XII de Locatelli, la obra de su elección, lo tenía impecable como así también la endiablada cadencia, aunque “Il Laberinto Armónico, “Facilis aditus, difficiles exitus””, siempre es preocupante. La obra impuesta era “La Campanella” y temblaba por desconocer cuál sería el solo a primera vista que le darían.
Se encontró en el hall con los otros concursantes que la miraron con recelo y con odio, las nuevas normativas legislativas daban prioridad a las mujeres. Ella presentó la planilla de inscripción, el empleado la leyó y le dijo:
—Falta un dato —señalándole el apartado “sexo”
—No, no quiero ganar por mi condición, no quiero privilegios por ser mujer, que quede en blanco.
—Bueno, como quiera, usted es la primera en pasar.
Se sentó, abrazó al muleto, y se dijo para sí misma, “Ya vienen tiempos mejores, y que lo diga la suerte, con el violín de mis amores, fiel, fiel hasta la muerte.
La llamaron, se levantó y entró a ese patíbulo frío y sin público visible. Entregó las partituras al pianista acompañante, acomodó el atril, repasó la afinación y tocó lo mejor que pudo. No se quedaría para escuchar a los otros concursantes, ni para saber el resultado. Salió del teatro apurada, ansiosa y frenética. Enfrentó aquellas híbridas hipotenusas empedradas, buscando aquel lugar donde la habían asaltado la otra noche.
Ahí, en las cercanías del Bar… Ahí, en el barrio del tambor... Ahí, donde encontró el éxtasis supremo… Ahí, con la esperanza de que la atacaran y la mataran otra vez.
L. F. C
* * *
Pena mulata (Piana – Manzi)
Cornetín (Piana – Manzi)
Milonga sentimental (Piana – Manzi)
Siga el baile (Warren)
El títere (Piazzolla – Borges)
Jacinto Chiclana (Piazzolla – Borges)
Concierto ópus 3 “L' arte del violino” N.º XII “Il Laberinto Armónico, “Facilis aditus, difficiles exitus”” (P. A. Locatelli)
La Campanella (tercer mov del concierto para violín ópus 7) (N. Paganini)