AudiolibrosClubes de Lectura
literatura.ar
📚

Novedades literarias

Nuevos autores, obras y recomendaciones directo en tu correo.

Recibí novedades y nuevos autores:

literatura.ar

Biblioteca Digital de Literatura Abierta.

@literatura.ar
Patrocinar

Explorar

  • Audiolibros
  • Clubes de Lectura

Ayuda

  • Nosotros
  • Contacto

Legal

  • Política de Privacidad
  • Términos de Uso
  • Dominio Público y Traducciones

© 2026 literatura.ar — Biblioteca Digital de Literatura Abierta

← Hamlet
Acto 3 · 3 escenas

La ratonera

William Shakespeare

III.ii

Entran HAMLET y dos o tres ACTORES.

HAMLET

Te lo ruego, di el fragmento como te lo he recitado, con soltura de lengua. Mas si voceas, como hacen tantos cómicos, me dará igual que mis versos los diga el pregonero. Y no cortes mucho el aire con la mano, así; hazlo todo con mesura, pues en un torrente, tempestad y, por así decir, torbellino de emoción has de adquirir la sobriedad que le pueda dar fluidez. Me exaspera ver cómo un escandaloso con peluca desgarra y hace trizas la emoción de un recitado atronando los oídos del vulgo, que, en su mayor parte, sólo aprecia el ruido y las pantomimas mas absurdas. Haría azotar a ése por inflar a Termagante: eso es más herodista que Herodes. Te lo ruego, evítalo.

ACTOR 1.0

Esté segura Vuestra Alteza.

HAMLET

Tampoco seas muy tibio: tú deja que te guíe la prudencia. Amolda el gesto a la palabra y la palabra al gesto, cuidando sobre todo de no exceder la naturalidad, pues lo que se exagera se opone al fin de la actuación, cuyo objeto ha sido y sigue siendo poner un espejo ante la vida: mostrar la faz de la virtud, el semblante del vicio y la forma y carácter de toda época y momento. Si esto se agiganta o no se alcanza, aunque haga reír al profano, disgustará al juicioso, cuya sola opinión debéis valorar mucho más que un teatro lleno de ignorantes. No quiero ser irreverente, pero he visto actores (elogiados por otros en extremo) que, no teniendo acento de cristiano, ni andares de cristiano, pagano u hombre alguno, se contonean y braman; de tal modo que parece que los hombres fuesen obra de aprendices de la Naturaleza, viendo lo vilmente que imitan a la humanidad.

ACTOR 1.0

Señor, espero que eso lo tengamos bastante dominado.

HAMLET

Dominadlo del todo. Y que el gracioso no se salga de su texto, pues los hay que se ríen para hacer reír a un grupo de pasmados, aunque sea en algún momento crítico del drama. Eso es infame, y demuestra una ambición muy lamentable en el gracioso. Anda, preparaos.

Salen los ACTORES.

Entran POLONIO, ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.

¿Qué hay, señor? ¿Va a asistir el rey a la función?

POLONIO

Con la reina, y en seguida.

HAMLET

Apremiad a los actores.

Sale POLONIO.

¿Queréis ayudarle a darles prisa?

ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN

Sí, Alteza.

Salen.

Entra HORACIO.

HAMLET

¡Eh, Horacio!

HORACIO

Aquí estoy, mi señor, a vuestras órdenes.

HAMLET

Horacio, eres el más ponderado de cuantos hombres haya conocido.

HORACIO

Querido señor…

HAMLET

No, no pienses que te adulo.

¿Qué ventaja podría yo esperar de ti,

que no tienes más renta para comer y vestirte

que tus propias cualidades? ¿A qué adular al pobre?

No, que la lengua melosa endulce vanidades

y se doblen las solícitas rodillas

si el halago rinde beneficio. Escucha.

Desde que mi persona aprendió a escoger

y supo distinguir, su elección

recayó en ti. Tú has sido como aquel

que, sufriéndolo todo, nada sufre;

un hombre que, sereno, recibe por igual

reveses y favores de Fortuna. Dichoso

el que armoniza pasión y buen sentido

y no es flauta al servicio de Fortuna

por sonar como le plazca. Dame un hombre

que no sea esclavo de emociones, y le llevaré

en mi corazón; sí, en el corazón del corazón,

como yo a ti. Pero ya basta.

Esta noche actúan ante el rey.

Las circunstancias de una escena se aproximan

a las que ya te dije de la muerte de mi padre.

Te lo ruego, cuando presenten el hecho

observa a mi tío con la máxima atención

que te dé el alma. Si durante un fragmento

no sale a la luz su escondida culpa,

el espectro que hemos visto está maldito

y mis figuraciones son inmundas

cual la fragua de Vulcano. Fíjate en él;

yo pienso clavarle mis ojos en su cara.

Después uniremos pareceres

cuando juzguemos su reacción.

HORACIO

Sí, Alteza. Si durante la comedia

hurta algo a mi atención y se me escapa,

yo pagaré el robo.

HAMLET

Ya vienen a la función. Me haré el loco.

Búscate un sitio.

Marcha danesa. Toque de clarines. Entran el REY, la REINA, POLONIO, OFELIA, ROSENCRANTZ, GUILDENSTERN y NOBLES del séquito, con la Guardia Real llevando antorchas.

REY

¿Cómo lo pasa mi sobrino Hamlet?

HAMLET

Pues muy bien; con el yantar camaleónico: vivo del aire, relleno de promesas. Ni el capón se ceba así.

REY

¡No entiendo tus palabras, Hamlet. A mí no me responden.

HAMLET

Ni a mí tampoco. [A POLONIO] Señor, actuasteis una vez en la universidad, ¿no es así?

POLONIO

Sí, Alteza, y me tenían por buen actor.

HAMLET

¿Y qué papel representasteis?

POLONIO

El de Julio César. Me mataron en el Capitolio. Me mató Bruto.

HAMLET

Bruto capital tenía que ser para matar a ese cabestro.

– ¿Están listos los cómicos?

ROSENCRANTZ

Sí, Alteza. Esperan vuestra orden.

REINA

Mi buen Hamlet, ven; siéntate a mi lado.

HAMLET

No, buena madre; aquí hay un imán más atrayente.

POLONIO [al REY]

¡Vaya! ¿Habéis oído?

HAMLET

Señora, ¿puedo echarme en vuestra falda?

OFELIA

No, mi señor.

HAMLET

Quiero decir apoyando la cabeza.

OFELIA

Sí, mi señor.

HAMLET

¿Creéis que pensaba en el asunto?

OFELIA

No creo nada, señor.

HAMLET

No está mal lo de echarse entre las piernas de una dama.

OFELIA

¿Cómo, señor?

HAMLET

Nada.

OFELIA

Estáis alegre, señor.

HAMLET

¿Quién, yo?

OFELIA

Sí, Alteza.

HAMLET

¡Vaya por Dios! ¡Vuestro autor de mojigangas! Pero, ¿qué puede hacer uno sino estar alegre? Mirad lo contenta que está mi madre, y mi padre murió hace menos de dos horas.

OFELIA

No, hace dos veces dos meses.

HAMLET

¿Tanto? Entonces al diablo estas ropas, que mi luto será fastuoso. ¡Por Dios! ¡Muerto hace dos meses y aún no olvidado! Entonces hay esperanza de que el recuerdo de un gran hombre le sobreviva seis meses. ¡Por la Virgen! Tendrá que construir iglesias o soportar el olvido, igual que el caballito, cuyo epitafio reza: «¡Qué pecado! Al caballito olvidaron.»

Suenan oboes. Se inicia la pantomima.

Entran un rey y una reina, abrazándose con gran ternura. La reina se arrodilla y con gestos le asegura su amor. El rey la levanta, le pone la cabeza sobre el hombro y se tiende sobre un lecho de flores. Ella, al verle dormido, se aleja. Pronto entra un hombre, que le quita la corona, la besa, vierte veneno en los oídos del rey y sale. Vuelve la reina, le ve muerto y hace gestos de dolor. El envenenador, con dos o tres comparsas, vuelve a entrar y da muestras de condolencia. Se llevan el cadáver. El envenenador corteja a la reina con regalos. Al principio, ella parece reacia y opuesta, pero alfinal acepta su amor.

Salen.

OFELIA

¿Qué significa eso, señor?

HAMLET

Es un malhecho al acecho, que quiere decir desastre.

OFELIA

Tal vez la pantomima exprese el argumento de la obra.

Entra el FARAUTE.

HAMLET

Éste nos lo dirá. Los cómicos no saben guardar secretos; lo cuentan todo.

OFELIA

¿Explicará lo que hemos visto?

HAMLET

Eso o lo que queráis enseñarle. Si no os da reparo que mire, a él tampoco le dará deciros qué significa.

OFELIA

¡Qué malo, qué malo sois! Voy a seguir la obra.

FARAUTE

Al presentar la tragedia

rogamos vuestra clemencia

y vuestra atenta paciencia.

[Sale.]

HAMLET

¿Qué es esto, un prólogo o un lema de sortija?

OFELIA

Ha sido breve, señor.

HAMLET

Como amor de mujer.

Entran [dos ACTORES], REY y REINA.

ACTOR REY

El carro de Febo ya dio treinta vueltas

al mar de Neptuno y al orbe de Gea,

y al mundo han bañado treinta veces doce

lunas rutilantes otras tantas noches

desde que Himeneo y Amor nos juntaron

las manos y almas en vínculo santo.

ACTOR REINA

Haya tantos giros de luna y de sol

antes que se pierda nuestro inmenso amor.

Mas, ¡pobre de mí! Te veo tan doliente

y sin la alegría que has gozado siempre,

que estoy alarmada. Mas, aunque esté inquieta,

señor, tú no debes sentir impaciencia,

pues ansia y amor de mujer cambian juntos:

ambos en exceso o nada ninguno.

Ya te he demostrado cuán grande es mi amor,

y de esa medida ahora es mi temor.

ACTOR REY

Muy pronto, mi amor, habré de dejarte,

pues ya no soy dueño de mis facultades.

Honrada y amada, sola quedarás

en el bello mundo; y esposo, quizá,

con igual carifio…

ACTOR REINA

¡No sigas, no sigas!

Traición a mi alma tal amor sería.

Si tomo otro esposo, él sea mi infierno,

pues quiere un segundo quien mató al primero.

HAMLET

¡Ajenjo, ajenjo!

ACTOR REINA

A otro matrimonio nunca dan lugar

razones de amor, mas de utilidad.

A mi esposo muerto mataría otra vez

si en el lecho a otro yo fuese a ceder.

ACTOR REY

No dudo que sientas lo que ahora me dices,

mas muchos designios no suelen cumplirse;

pues son los esclavos de nuestra memoria:

fuertes cuando nacen, mas su fuerza es corta.

Como el fruto verde, se aferran al árbol;

cuando están maduros, caen sin tocarlos.

Todos olvidamos, y por conveniencia,

pagarnos nosotros nuestras propias deudas.

Si nos proponemos algo con pasión,

veremos que muere pasado el ardor;

pues, cuando es violenta, la pena o la dicha

en sus propios actos se mata a sí misma.

Donde hay grande dicha, la pena más daña:

la dicha y la pena oscilan por nada.

El mundo es fugaz, y extrañar no debe

que nuestro amor mismo cambie con la suerte,

pues al juicio nuestro queda la cuestión:

si amor guía a fortuna o fortuna a amor.

Cuando el grande cae, sus íntimos huyen;

no tendrá enemigos el pobre que sube.

El amor, por tanto, sirve a la fortuna,

y para el pudiente amigos abundan;

pruebe a un falso amigo quien sufra escasez

y un gran enemigo pronto ha de tener.

Mas, para acabar donde he comenzado,

deseo y destino corren tan contrarios

que nuestros designios siempre se deshacen:

la intención es nuestra, mas no el desenlace.

Dices que no piensas casarte con otro;

morirá tu idea tras morir tu esposo.

ACTOR REINA

Ni frutos la tierra, ni luz me dé el cielo,

ni solaz el día, ni la noche el sueño.

¡Que todo contrario que enturbie la dicha

destruya los grandes deseos de mi vida!

¡Que aquí y más allá me acose la angustia

si vuelvo a casarme cuando yo sea viuda!

HAMLET

¡Como no lo cumpla…!

ACTOR REY

Solemne promesa. Y ahora déjame:

el sueño me vence y deseo distraer

el tiempo durmiendo.

Se duerme.

ACTOR REINA

Tu mente descanse,

y que la desgracia jamás nos separe.

Sale.

HAMLET

Señora, ¿qué os parece la obra?

REINA

Creo que la dama promete demasiado.

HAMLET

Mas cumplirá su palabra.

REY

¿Conoces el argumento? ¿No hay nada que ofenda?

HAMLET

No, no. Todo es simulado, incluso el veneno. No hay nada que ofenda.

REY

¿Cómo se llama la obra?

HAMLET

«La ratonera.» ¿Que por qué? Es metafórico. La pieza representa un crimen cometido en Viena. El duque se llama Gonzago; su esposa, Baptista. Ya veréis. Una canallada, pero, ¿qué más da? A Vuestra Majestad y a los libres de culpa no nos toca. El jamelgo, que respingue, que nuestros lomos no pican.

Entra LUCIANO.

Este es un tal Luciano, sobrino del rey.

OFELIA

Hacéis muy bien de coro, Alteza.

HAMLET

Podría decir el diálogo entre vos y vuestro amado si viera a los títeres en danza. OFELIA

Estáis muy mordaz, señor.

HAMLET

Quitarme el hambre os costará un buen suspiro.

OFELIA

Cuanto mejor, peor.

HAMLET

Así confundís a los maridos. – Empieza, criminal. ¡Venga! Déjate de muecas y empieza. Vamos, que el cuervo ha graznado en son de venganza.

LUCIANO

Negros pensamientos, poción, manos prestas,

sazón favorable, nadie que lo vea;

ponzoña de hierbas en sombras cogidas,

tres veces por Hécate infecta y maldita,

tu natural magia e influjo maléfico,

la salud y vida róbenle al momento.

Le vierte el veneno en el oído.

HAMLET

Le envenena en el jardín para quitarle el reino. Se llama Gonzago. La historia se conserva y está escrita en espléndido italiano. Ahora veréis cómo el asesino se gana el amor de la esposa de Gonzago.

OFELIA

El rey se levanta.

HAMLET

¡Cómo! ¿Le asusta el fogueo?.

REINA

Mi señor, ¿qué os pasa?

POLONIO

¡Cese la función!

REY

Traedme luz. Vámonos.

NOBLES

¡Luces, luces, luces!

Salen todos menos HAMLET y HORACIO.

HAMLET

Dejad que, herido, llore el corzo

y brinque el gamo ileso,

pues, si unos duermen, velan otros

y el mundo sigue entero.

Amigo, si la suerte fuese a abandonarme, con esto, un penacho de plumas y dos rosetas de Provenza en mis zapatos calados, ¿verdad que entraría de socio en una tropa de actores?

HORACIO

Con media participación.

HAMLET

No, una entera.

Mi buen Damón, ya te he contado

que el reino fue muy pronto

de nuestro Jove despojado

y ahora reina un… mico.

HoRACIO

Así no hay rima.

HAMLET

¡Ah, Horacio! Mil libras a que el espectro no mintió.

¿Te has fijado?

HORACIO

Perfectamente, Alteza.

HAMLET

¿Al mencionarse el veneno?

HORACIO

Le observé muy bien.

Entran ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.

HAMLET

¡Ajá! ¡Vamos, música! ¡Venga, las flautas!

Pues si al rey no le gusta la función,

será que no le gusta, y se acabó.

¡Vamos, música!

GUILDENSTERN

Señor, concededme un momento.

HAMLET

Todo un siglo.

GUILDENSTERN

El rey…

HAMLET

Ah, sí, ¿qué le pasa?

GUILDENSTERN

Está en sus aposentos y alterado.

HAMLET

¿Por el vino?

GUILDENSTERN

No, Alteza, de cólera.

HAMLET

Tenías que haber sido más sensato y decírselo a su médico, pues, si de mí depende el que se purgue, quizá se agrave su cólera.

GUILDENSTERN

Mi señor, poned en orden las palabras y no os apartéis tan bruscamente de mi asunto.

HAMLET

Estoy suave. Declama.

GUILDENSTERN

Vuestra madre la reina, con el ánimo angustiado, me envía a vos.

HAMLET

Sé bienvenido.

GUILDENSTERN

No, Alteza; esta clase de cumplido no es de buena ley. Si tenéis a bien darme una respuesta sana, cumpliré el encargo de vuestra madre. Si no, vuestro permiso y mi vuelta pondrán fin a este asunto.

HAMLET

No puedo.

GUILDENSTERN

¿No podéis qué, señor?

HAMLET

Darte una respuesta sana: mi cabeza está enferma. Pero, en fin, cuantas respuestas pueda darte serán tuyas o, como dices, más bien de mi madre. Conque basta y al grano. Mi madre, dices…

ROSENCRANTZ

Dice que vuestra conducta la ha sumido en el pasmo y desconcierto.

HAMLET

¡Qué maravilla de hijo, que tanto asombra a su madre! Pero, ¿qué cola trae la materna admiración?

ROSENCRANTZ

Antes que os acostéis desea hablar con vos en su aposento.

HAMLET

Será obedecida, así fuera diez veces mi madre. ¿Alguna otra cosa?

ROSENCRANTZ

Señor, antes me apreciabais.

HAMLET

Y ahora también, por mis manos pecadoras.

ROSENCRANTZ

Señor, ¿a qué se debe vuestro mal? Os empeñáis en negaros vuestra propia libertad al no confiar vuestras penas a un amigo.

HAMLET

Señor, no puedo medrar.

ROSENCRANTZ

¿Cómo es posible, si tenéis el voto del rey para sucederle en Dinamarca?

HAMLET

Sí, pero, entre tanto, «el que espera … ». El refrán ya está pasado.

Entra uno con una flauta.

¡Ah, la flauta! A ver. – En confianza, ¿por qué dais tantas vueltas y me ahuyentáis como si me empujarais a una trampa?

GUILDENSTERN

Mi señor, si mi lealtad es tan osada, mi afecto es descortés.

HAMLET

No entiendo bien eso. ¿Quieres tocar esta flauta?

GUILDENSTERN

Señor, no sé.

HAMLET

Te lo ruego.

GUILDENSTERN

Creedme, no sé.

HAMLET

Te lo suplico.

GUILDENSTERN

Señor, no sé tocarla.

HAMLET

Tan fácil es como mentir. Tapa estos agujeros con los dedos y el pulgar, dale aliento con la boca y emitirá una música muy elocuente. Mira, estos son los agujeros.

GUILDENSTERN

Pero no sabré sacarles ninguna melodía. Me falta el arte.

HAMLET

Vaya, mira en qué poco me tienes. Quieres hacerme sonar, parece que conoces mis registros, quieres arrancarme el corazón de mi secreto, quieres tantearme en toda la extensión de mi voz; y, habiendo tanta música y tan buen sonido en este corto instrumento, no sabes hacerle hablar. ¡Voto a … ! ¿Crees que yo soy más fácil de tocar que esta flauta? Ponedme el nombre de cualquier instrumento; aunque me destempléis, no soltaré nota.

Entra POLONIO.

Dios os guarde, señor.

POLONIO

Señor, la reina quiere hablar con vos en seguida.

HAMLET

¿Veis esa nube que tanto se parece a un camello?

POLONIO

Por Dios que es igual que un camello.

HAMLET

Parece una comadreja.

POLONIO

El lomo es de comadreja.

HAMLET

¿No parece una ballena?

POLONIO

Igual que una ballena.

HAMLET

Entonces iré pronto con mi madre. – [Aparte] Me agotan el histrionismo. – Iré pronto.

POLONIO

Se lo diré.

Sale.

HAMLET

«Pronto» se dice pronto. – Y ahora, dejadme, amigos.

[Salen todos menos HAMLET.1

Ya es la hora embrujada de la noche

en que se abren los sepulcros y el infierno

exhala al mundo su infección. Ahora bebería

sangre caliente y cometería atrocidades

que, al verlas, el día se estremeciera.

Ya basta. Ahora, con mi madre. No te corrompas,

corazón. Que el alma de Nerón no invada mi ánimo

Pierda yo bondad, mas no sentimiento.

Le diré venablos, pero sin herirla.

Haya hipocresía entre mi alma y mi lengua.

Aunque la repruebe con duras palabras,

ponerlas por obra no quiera mi alma.

Sale.

III.iii

Entran el REY, ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.

REY

No me gusta su actitud, ni conviene

a mi seguridad dejar tan libre su locura.

Así que preparaos: os expido el nombramiento

y él parte a Inglaterra con vosotros.

Mi condición no puede tolerar

un peligro tan cercano como el que engendra

de hora en hora su delirio.

GUILDENSTERN

Estaremos aprestados.

Es un desvelo sagrado y piadoso

proteger al sinnúmero de súbditos

que viven y se nutren de Vuestra Majestad.

ROSENCRANTZ

La vida personal está obligada

a preservarse de los daños con la fuerza

y las armas de la mente; con más razón

un espíritu de cuyo bienestar

dependen tantas vidas. Cuando muere un rey

no muere solo, sino que, cual remolino,

arrastra cuanto le rodea. Es una rueda ingente,

colocada en la cima del monte más alto,

en cuyos radios enormes se entallan diez mil

piezas menudas, de modo tal que, cuando cae,

todo aditamento, todo apéndice acompaña

a su ruina estrepitosa. Pues jamás

gimio un rey sin lamento general.

REY

Preparaos para la inminente travesía.

Le pondremos cadenas al peligro

que se mueve con tanta libertad.

ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN

Nos apresuraremos.

Salen. Entra POLONIO.

POLONIO

Señor, se dirige al aposento de su madre.

Yo me esconderé tras los tapices

para oírlo. Seguro que le riñe a fondo.

Y, como dijisteis, y dijisteis sabiamente,

conviene que alguien más que una madre,

pues ellas son parciales por naturaleza,

escuche la plática a escondidas. Adiós, Majestad.

Antes que os acostéis, pasaré a veros

y contaros lo que sepa.

REY

Gracias, señor.

Sale POLONIO.

¡Ah, inmundo es mi delito, su hedor llega hasta el cielo!

Lleva la primera y primitiva maldición

el fratricidio. Rezar no puedo.

Fuertes son inclinación y voluntad,

pero más fuerte es la culpa, y las derrota.

Como un hombre enfrentado a un doble objeto,

dudo por cuál he de empezar

y no emprendo ninguno. ¿Y si esta mano maldita

se agrandara con la sangre de un hermano,

no habría lluvia en los cielos piadosos

para dejarla más blanca que la nieve?

¿Para qué sirve la gracia si no es para mirar

al pecado cara a cara? ¿Y qué hay en la oración

sino el doble poder de impedirnos obrar mal

o perdonarnos si caemos?. Tendré ánimo.

El daño está hecho, mas, ¿qué suerte de oración

me serviría? ¿«Perdona mi inmundo asesinato»?

Imposible, pues aún gozo de los frutos

por los que cometí el asesinato:

la corona, la reina, mi ambición.

¿Nos pueden perdonar sin quitarnos el provecho?

En la usanza corrupta de este mundo

la mano dadivosa del culpable

desplaza a la justicia; y es sabido

que el propio botín compra a la ley. Mas no en el cielo:

allí no hay fraude, allí el acto muestra

su color verdadero, y nos obligan,

habiendo de hacer frente a nuestras faltas,

a declarar contra nosotros. Entonces, ¿qué me resta?

Ver qué puede el arrepentimiento. ¿Qué no podrá?

Mas, ¿qué puede cuando uno ya no puede arrepentirse?

¡Mísero estado! ¡Corazón más negro que la muerte!

¡Oh, alma atrapada, que luchando por librarse

más se enreda! ¡Amparadme, ángeles, queredlo!

Doblaos, rígidas rodillas, y tú, pecho de acero,

sé tierno como un recién nacido.

Tal vez sea posible.

Se arrodilla

Entra HAMLET.

HAMLET

Ahora es buen momento, está rezando; voy a hacerlo ya.

[Desenvaina.]

Entonces sube al cielo

y esa es mi venganza. Esto hay que razonarlo.

Un ruin mata a mi padre, y yo,

su único hijo, por ello mando al cielo

a ese ruin.

Ah, esto es paga y recompensa, no venganza.

Mató a mi padre en la impureza, saciado,

en la flor de sus culpas, en plena lozanía.

¿Quién sabe cómo están sus cuentas, salvo el cielo?

Mas, según nuestro saber y modo de pensar,

su caso es grave. ¿Me habré vengado

matándole mientras él purga su alma,

cuando está preparado para el tránsito? No.

Adentro, espada, y conoce sazón más horrorosa.

Cuando duerma borracho o esté ardiente,

o en el lecho del placer incestuoso,

blasfemando en el juego o en un acto

que no tenga señal de salvación,

entonces le derribas; que dé coces al cielo

y su alma sea más negra y más maldita

que el infierno adonde va. Mi madre aguarda.

Tu rezo los días enfermos te alarga.

Sale.

REY

Vuelan mis palabras, queda el pensamiento.

Palabras vacías no suben al cielo.

III.iv

Entran la REINA y POLONIO.

POLONIO

Viene en seguida. Censuradle a fondo.

Decid que sus excesos ya son insufribles

y que Vuestra Majestad le ha protegido

de las iras. No voy a hablar más.

Os lo ruego, sed clara con él.

HAMLET [dentro]

¡Madre, madre, madre!

REINA

Así lo haré. Perded cuidado. Escondeos, que ya viene.

Entra HAMLET.

HAMLET

Y bien, madre, ¿qué ocurre?

REINA

Hamlet, has ofendido mucho a tu padre.

HAMLET

Madre, tú has ofendido mucho a mi padre.

REINA

Vamos, vamos, replicas con lengua muy suelta.

HAMLET

Venga, venga, preguntas con lengua perversa.

REINA

¿Qué es esto, Hamlet?

HAMLET

¿Qué ocurre ahora?

REINA

¿Olvidas quién soy?

HAMLET

Por la cruz, nada de eso. Eres la reina,

esposa del hermano de tu esposo

y, ojalá no lo fueras, pero eres mi madre.

REINA

Muy bien. Te mandaré a quien sepa hablarte.

HAMLET

Vamos, vamos, siéntate. Tú no te mueves

ni te vas hasta que ponga frente a ti

un espejo que te enseñe tus adentros.

REINA

¿Qué vas a hacer? ¿No irás a matarme?

¡Ah, socorro, socorro!

POLONIO [detrás del tapiz]

¡Ah, socorro, socorro, socorro!

HAMLET

¡Cómo! ¿Una rata? ¡Por un ducado la mato!

Mata a POLONIO [atravesando el tapiz].

POLONIO

¡Ah, me han matado!

REINA

¡Ay de mí! ¿Qué has hecho?

HAMLET

Pues no sé. ¿Es el rey?

REINA

¡Ah, qué locura criminal es esta!

HAMLET

¿Criminal? Casi tanto, buena madre,

como matar a un rey y casarse con su hermano.

REINA –

¿Matar a un rey?

HAMLET

Sí, señora, eso he dicho. –

Y tú, bobo, imprudente, entrometido, adiós.

Te creí tu superior. Acepta tu suerte.

Pasarse de curioso trae peligro. –

No te retuerzas más las manos. Calma, siéntate;

yo seré quien te retuerza el corazón

si está hecho de materia permeable

y la ruin costumbre no lo ha vuelto tan duro

que no pueda expugnarlo el sentimiento.

REINA

¿Qué he hecho yo para que me hables así

con lengua tan ruidosa y ofensiva?

HAMLET

Una acción tal que empaña

el cándido rubor de la decencia,

llama hipocresía a la virtud, quita

la rosa de la frente al amor puro

dejándole un estigma, vuelve los esponsales

tan falsos como juramentos de tahúr.

Ah, tal acción que del sagrado contrato

arranca el alma, cambiando en palabrería

la santa religión. El cielo enrojece

sobre esta sólida esfera y, con triste semblante,

como si aguardara el Día del Juicio,

está angustiado por tu acción.

REINA

¡Ay de mí! ¿Qué acción,

que se anuncia tronando y rugiendo?

HAMLET

Mira este retrato, y ahora éste;

imágenes son de dos hermanos.

Ve la gallardía de este rostro,

los rizos de Hiperión, la frente de Júpiter,

los ojos de Marte, que ordenan o amenazan;

el porte de Mercurio el mensajero

posándose en una montaña sublime.

En verdad, una alianza y una forma

en que los dioses dejaron su sello

para ratificar lo que es un hombre.

Él fue tu marido. Mira lo que sigue.

Este es tu marido, espiga podrida

que infecta a su hermano. ¿Tienes ojos?

¿Dejaste de pastar en tan hermoso monte

para cebarte en este páramo? ¿Eh? ¿Tienes ojos?

No lo llames amor, pues a tu edad

el ardor de la sangre está amansado

y se somete al juicio. ¿Y qué juicio

llevaría de éste a éste? ¿Qué demonio

te ha engañado a la gallina ciega?

¡Ah, vergüenza! ¿Y tu rubor? Ardiente infierno,

si te inflamas en cuerpo de matrona,

en la fogosa juventud la castidad

sea como cera y en su fuego se derrita.

No hables de impudicia si se enciende

la indómita pasión cuando el hielo también arde

y la razón sirve al deseo.

REINA

¡Ah, Hamlet, no sigas! Me vuelves

los ojos hacia el fondo de mi alma,

y en ella veo manchas negras y profundas

que no pueden borrarse.

HAMLET

No, vivirán

en la náusea y el sudor de una cama pringosa,

cociéndose en el vicio y la inmundicia

entre arrullos y ternezas.

REINA .

¡No sigas hablando! Cual puñales

tus palabras me traspasan los oídos.

¡Basta, buen Hamlet!

HAMLET

Un asesino, un infame;

un canalla que no llega a los talones

del que fue tu marido; un payaso de rey,

el ratero del reino y el poder,

que robó la corona del estante

para echársela al bolsillo…

REINA

¡Basta!

HAMLET

Un rey de parches y pingajos…

Entra el ESPECTRO en ropa de noche

¡Salvadme y envolvedme en vuestras alas,

ángeles del cielo! ¿Qué deseas, noble figura?

REINA

¡Ay, está loco!

HAMLET

¿Vienes a reñirle a tu hijo indolente

que, dejando pasar tiempo y fervor,

no pone por obra tu fiero mandato? ¡Habla!

ESPECTRO

No lo olvides. Esta aparición

sólo quiere aguzar tu embotado propósito.

Pero mira el desconcierto de tu madre.

Interponte entre ella y su alma en lucha.

La imaginación de los más débiles

opera con más fuerza. Háblale, Hamlet.

HAMLET

¿Cómo estás, madre?

REINA

¡Ah! ¿Cómo estás tú,

que clavas la mirada en el vacío

y conversas con el aire incorpóreo?

Por tus ojos asoma tu ánimo agitado

y, como guerreros despertados por la alarma,

tu liso cabello se levanta cual si fuera

una excrecencia viviente. ¡Ah, hijo mío!

Rocía el fuego y ardor de tu mal

con la fría quietud. ¿Qué es lo que miras?

HAMLET

¡A él, a él! ¡Mira qué semblante demacrado!

Si predicase a las piedras, su causa

y su figura las ablandaría. – No me mires,

no sea que tu acto compasivo

cambie mi duro propósito. Mi objeto

perdería su color: llanto en vez de sangre.

REINA

¿A quién le dices eso?

HAMLET

¿No ves nada ahí?

REINA

No, nada; aunque veo todo lo que hay.

HAMLET

¿Ni has oído nada?

REINA

No, sólo nuestras voces.

HAMLET

¡Ah, mira! ¡Ve cómo se aleja!

¡Mi padre, vestido como en vida!

¡Mira cómo sale por la puerta!

Sale el ESPECTRO.

REINA

No es más que un ensueño de tu mente.

El delirio es muy hábil

en crear apariciones.

HAMLET

¿Delirio?

Mi pulso late acompasado como el tuyo

y da una música tan sana. No es locura

lo que he dicho. Ponme a prueba y yo

repetiré mis palabras, de lo cual

huiría la locura. Madre, por el cielo,

no pongas un bálsamo a tu alma

que muestre mi demencia y no tu culpa.

Será una fina piel sobre la llaga,

mientras, invisible, la inmunda podredumbre

por dentro todo infecta. Confiésate al cielo,

llora el pasado, evita tentaciones;

no quieras abonar la mala hierba

y hacerla más frondosa. Perdona mi virtud,

pero en estos tiempos de molicie y saciedad

la virtud ha de excusarse con el vicio

e implorar que le deje socorrerle.

REINA

¡Ah, Hamlet! Me has partido en dos el corazón.

HAMLET

Pues tira la peor parte

y con la otra mitad vive más pura.

Buenas noches. No vayas al lecho de mi tío.

Aparenta virtud, aunque no tengas.

Esta noche abstente;

eso dará mayor facilidad

a la próxima abstinencia. Buenas noches otra vez.

Cuando ruegues la divina bendición,

yo te pediré la tuya. – En cuanto a este caballero,

lo siento de veras. Pero el cielo ha querido,

haciéndome su azote y su verdugo,

castigarme a mí con él y a él conmigo.

Le sacaré de aquí y responderé

de su muerte. Una vez más, buenas noches.

Tengo que ser cruel sólo por afecto.

Lo peor vendrá; esto es el comienzo.

REINA

¿Qué puedo hacer?

HAMLET

De ningún modo lo que yo te diga:

dejar que el fláccido rey te atraiga a su lecho,

te pellizque la cara, te llame paloma

y que, por un par de besos inmundos,

o sobándote el cuello con sus dedos malditos,

consiga que le aclares el enigma:

que, en realidad, toda mi locura

es fingimiento. Estaría bien decírselo.

¿Podría una reina gentil, modosa, prudente,

ocultarle cuestiones de tal entidad

a un sapo, un murciélago, un morrongo?

¿Podría? No: a despecho de juicio y reserva,

abre la jaula en el tejado, deja volar

a los pájaros y, como el célebre mono,

haz la prueba metiéndote en la jaula

y estréllate al caer.

REINA

Si el habla es aliento, y el aliento, vida,

te aseguro que vida no tendré

para contar lo que has dicho.

HAMLET

He de ir a Inglaterra. ¿Lo sabías?

REINA

¡Ah, lo había olvidado! Está decidido.

HAMLET

Éste va a adelantarme el viaje.

Le arrastraré el pellejo a la otra estancia.

Madre, buenas noches ya. Este dignatario,

que en vida fue un torpe y servil palabrero,

ahora es un sepulcro callado y secreto. –

Vamos, señor, acabemos el asunto. –

Buenas noches, madre.

Sale arrastrando a POLONIO.

← Acto 2Acto 4 →